Mini Mundo Oboe - Música, oboe, educación y otras cosas sin importancia

Strauss, si quieres vuelves…

En 1945 John de Lancie, un joven soldado americano, conoció en Alemania al gran Richard Strauss (no, no es el de los valses)

Bueno, en realidad no era un soldado cualquiera, era un excelente oboísta, ¡y encima con enchufe! Había tocado bajo la batuta de Reiner, afamado director de la orquesta de Pittsburgh, especialista en la música de Strauss y viejo amigo del gran compositor. Con una carta de presentación así es normal que De Lancie se hiciera casi uno más de la casa por unos días, haciendo amistad con toda la familia.

El caso es que en una de estas profundas conversaciones que los grandes compositores tienen con sus admiradores, De Lancie comentó a Strauss lo bien que cuidaba las melodías del oboe en sus piezas, y le preguntó que si alguna vez se había planteado escribir un concierto para este instrumento. En un alarde de locuacidad Strauss le respondió “¡No!“.

Podéis imaginar lo que pensó el joven músico, “bueno, yo lo he intentado”. Con la guerra y sus últimos trabajos para el ejército concluidos volvió a los Estados Unidos… ¡Y mira, allí va y se entera de que Strauss ha compuesto un concierto para oboe!

Algunas y algunos de vosotros pensaréis “qué desfachatez, qué cara más dura este Strauss, mira que no contar con el pobre oboísta”. A mí también me ha dado por pensar eso, pero claro, ni que le hubiera dado las melodías principales de cada movimiento o algo así, en realidad sólo le preguntó si había pensado en escribir un concierto.

Aún así, a continuación volveremos a dar a Strauss el estatus de hombre sensible: en la misma partitura escribió que el concierto estaba inspirado por un joven soldado americano, un oboísta de Chicago. Le perdonaremos esto último, pues De Lancie venia de Pittsburgh. Además le concedió el privilegio de asistir al estreno en Zurich de la pieza (el joven oboísta había conocido a su esposa y estaba poco preocupado por hacer estrenos él mismo en ese momento) Además, contaba también con otro privilegio, Strauss le concedió los derechos para estrenar la pieza en Estados Unidos (ya no nos parece tan insensible, ¿verdad?)

Y… ¡tachán!, Lancie se quedó con las ganas de hacer el estreno. En esos momentos trabajaba en la orquesta de Filadelfia, y por encima de él, en estatus de oboísta estaba ni más ni menos que Marcel Tabuteau, probablemente uno de los músicos más importantes del país en ese momento. El protocolo impedía que un miembro tan joven de la orquesta estrenase una pieza, en lugar de hacerlo el gran maestro. Tabuteau viajó a Londres a conocer el concierto y dijo que no le gustaba, así que no lo tocaría (exquisito también, pero bueno, no le tomemos manía como a Strauss, sus razones tendría). El estreno en Estados Unidos lo hizo finalmente en 1948 un joven y prometedor oboísta amigo de Lancie, Mitch Miller.

¿Pero el pobre De Lancie, es que no tocó el concierto?

Pues sí, aunque le costó unos cuantos años la verdad, no fue hasta 1960. En ese año además intentó hacer una grabación del mismo, pero no fue posible por problemas de compatibilidad de contrato con la discográfica de su orquesta. Las cosas para este oboísta no iban demasiado rápido, la verdad, no pudo grabar el concierto hasta 1987. Por fin, el oboísta que había inspirado el concierto pudo hacer una grabación del mismo. Escogió una orquesta pequeña, de cámara, ya que había oído a Strauss decir varias veces que su música sonaría mejor si los directores tuviesen que trabajar con conjuntos como los de la época de Mozart.

De Lancie ya no era un “jovenzuelo”, ni Strauss estaba ya vivo. Así que nuestro protagonista se despachó a gusto, por supuesto con admiración y buenos modales. En primer lugar, reconoció que el concierto no era ni mucho menos una de las piezas más importantes del compositor.

También se quejó amargamente de las pocas oportunidades que la partitura concede al oboísta para respirar. Como respirar es importante para la vida, la mayoría de intérpretes dedicaban más atención al reto físico que a tocar las bellísimas frases del compositor. De hecho, De Lancie utilizaba su propia versión del concierto, aprobada por los herederos de Strauss, en la que deja varios pasajes del oboe a otros instrumentos de viento, con el objeto de poder tomar aire.

Además escogió el final de concierto original, “la primera idea de Strauss fue mucho mejor”, decía. Consideraba innecesaria la revisión que hizo Strauss de su propia pieza.

Al fin y al cabo, Strauss ya no estaba para decirle a todo esto otra vez “¡No!”

 

John De Lancie al oboe

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