Mini Mundo Oboe - Música, oboe, educación y otras cosas sin importancia

Inspirar, espirar, escuchar…

by andresparada 0 Comments

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Decir que la música es un lenguaje universal es decir mucho, habrá gente que lo considere así y gente que no. Aunque es verdad que supera barreras culturales con mucha más facilidad que las lenguas escritas o habladas, no podemos obviar dichas barreras. Alguien que haya crecido y vivido en la cultura occidental encontrará un mensaje muy distinto al escuchar una sinfonía de Mahler que alguien perteneciente a otra cultura y a otras tradiciones musicales. En los dos casos se habrá transmitido una emoción y un mensaje, aunque es algo más probable que en el segundo caso la idea del emisor (compositor/a) y del receptor (oyente) estén más alejadas que en el primero.

¡Entonces sí que es un lenguaje universal, pues se ha comunicado algo! En cierta medida sí, pero también es muy agradable escuchar a alguien hablar en árabe sin entender nada de lo que dice, dejando que nuestro cerebro imagine el discurso. La diferencia quizá es más lo que esperamos de cada uno: la lengua hablada es más concreta, mientras que la música es un lenguaje de tipo más simbólico. Podemos afirmar, incluso, que en la música es tan importante para la creación el oyente como el compositor/a. Más complejo aún es el asunto si añadimos a quien interpreta dicha música.

¿Y todo esto a qué viene?

Viene a que quería que tuviésemos en mente ese factor comunicación que se espera de la música. Por cierto, cuántas veces habremos oído la frase de alguien que acude a un concierto “es que como yo no entiendo…”

Sin embargo hay momentos en los que esa comunicación es mínima, o incluso no existe. Personalmente son los que más disfruto al escuchar una pieza. Son esos momentos en los que los sonidos te acarician de mil formas, las ondas sonoras llegan al cuerpo en sus distintas frecuencias e intensidades, te relajas y sientes cada cosquilleo.

¡Sí!, si soléis ir a conciertos de rock, como yo, más que un cosquilleo habréis notado que hasta la ropa se os mueve. Es una forma fácil de sentirlo, ¡jaja! La música clásica es más sutil y está llena de matices, ¡vale la pena intentar encontrar estas sensaciones!

Te propongo. Relájate, busca el momento ideal: acude a un concierto, o busca un sitio tranquilo y silencioso (o espera a la noche). Busca una buena pieza de música clásica y encuentra una postura cómoda. Inspira, espira, inspira, espira…     …despacio…     …inspira, espira, inspira, espira…              …escucha…                        …disfruta…

 

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