Mini Mundo Oboe - Música, oboe, educación y otras cosas sin importancia

Aplícate el cuento

by andresparada 0 Comments

Comienza el curso y muchas profesoras y profesores de música revisamos ideas, planeamos proyectos y nuevas formas de motivar al alumnado. Buena parte de este trabajo se realiza sobre la programación del curso, o bien termina viéndose reflejado en ella. Sobre esto quería proponer algunas ideas.

Es fácil poner sobre el papel que todo el alumnado de tal curso debe superar tal número de estudios (¿por qué no cinco más, así me aseguro de que dará más nivel?), o tocar pasajes de notas rápidas a una velocidad de 120 la semicorchea (¡parece poco, pongamos 150 mejor!), o tocar un recital como solista de una duración de media hora (y si con las obras que tiene no llega, pues que toque un estudio, por supuesto)

También es fácil caer en la tentación de llegar el primer día de clase y tender un papel a nuestra alumna o alumno con el listado de piezas y estudios que tendrá que haber tocado cada trimestre si quiere superar el curso, en muchos casos sin conocer aún a la persona en cuestión, ni sus gustos personales, ni sus aspiraciones, ni sus posibilidades técnicas y musicales (hay que mantener un nivel estándar, no podemos adaptarnos a cada persona o lo perderemos)

Y también es fácil ver cómo una alumna o alumno llega a clase con un estudio (bastante feo, lo reconozco) tocado de forma mediocre (¡ha tenido una semana entera para trabajarlo!) y aprovechar para hacer nuestra primera gran demostración: tocamos el estudio (que ya habíamos estudiado de jóvenes y que tenemos en programa desde hace décadas y tocan todas nuestras alumnas y alumnos) a toda velocidad e introducimos con alegría nuestra charla de la importancia de estudiar cinco horas al día el instrumento, como nosotros hemos hecho siempre (¡ejem!).

Si aquí termina nuestra habilidad pedagógica y queremos dar un pequeño paso adelante, podemos experimentar un poco este curso:

  • ¿Probamos a exigir menos cantidad de estudios y piezas? Al menos busquemos las que sean más atractivas para el alumnado al que se dirigen. O mejor aún, podemos probar a no basar nuestra programación en un número de estudios concreto
  • Dediquemos tiempo para conocer al alumnado, quizá os suene eso de empezar una clase diciendo “Hola, ¿qué has preparado para la clase de hoy?”
  • Si algo no funciona no carguemos las culpas directamente al alumnado, a la carga lectiva o a cualquier otra causa ajena a nosotros mismos. Puede ser así, pero vale la pena conceder un tiempo a la reflexión sobre nuestras propuestas, si son adecuadas o no, si podemos hacer algún cambio en las mismas
  • Y para terminar, “apliquémonos el cuento” Si pedimos al alumnado notas largas durante 15 minutos al día porque es lo mejor para tener un sonido precioso, practiquemos también nosotros. Si estudiar 6 horas al día es lo ideal, practiquemos, si los estudios del libro tal son estupendos, practiquémolos. Quizá nos demos cuenta de que las cosas se ven distintas cuando no estamos frente al papel.

 

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