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La reina sabia

by andresparada 1 Comment

La reina Mara era sin duda la monarca más importante que había tenido el antiguo pueblo de Tarmolín. Ricos, pobres, viajeras y viajeros, emisarios de otros reinos, …, toda persona que tuviese la suerte de conocerla quedaba absolutamente sorprendida de la paciencia, sabiduría y capacidad que tenía la reina para manejar cualquier situación.

Las malas lenguas decían que no todo era mérito suyo. En algún momento de su vida la reina había encontrado un objeto arcano, mágico, que tenía el poder de ofrecer a la dama la mejor solución a cualquier problema que se presentase. Tal objeto se decía que estaba guardado en la cámara real, bajo llave y a buen recaudo de fisgones y curiosos.

Estos rumores pasaron poco a poco a formar parte de la sabiduría popular, y la gente comenzó a fijarse muy bien en la forma de actuar de la reina. Así fue cómo Mario, el capitán de sus ejércitos, comenzó a sospechar que todos aquellos dichos y diretes fueran ciertos pues la reina, ante una amenaza de los vecinos del norte, abandonó el consejo de guerra para meditar en su cámara. Una vez salió de la misma parecía saber con total precisión de qué forma tenía que actuar su ejército para evitar una sangrienta guerra.

Ramón era primo de Mario, pero no sospechó de la soberana por habladurías del primero. Como cortesano y participante en los consejos reales dedicados a conflictos entre ciudadanos, pudo comprobar cómo la reina obtenía la solución a un problema extremadamente complicado entre dos vecinos. Ella no tuvo más que entrar en su cámara unos minutos para dar con la clave.

El momento más impactante para el pueblo fue tras la fiebre roja de los cultivos. Todas las cosechas se vieron afectadas y la hambruna parecía llamar a las puertas de cada casa. La reina reunió a los representantes de los agricultores en sus aposentos, y tras escuchar las opiniones de aquellas gentes volvió a entrar en su cámara a meditar. Martín había oído de su amigo Mario y del primo de aquel de qué forma la soberana resolvía los conflictos, así que no pudo más que pensar que el hechizo que estaba obrando sobre el oculto y mágico objeto debía ser extremadamente poderoso, pues la reina tardó más de media tarde en salir de su cámara. Siguiendo cada una de las indicaciones que les fueron dadas por ella, los agricultores no sólo recuperaron sus cosechas, sino que ese año éstas fueron aún más sabrosas y voluminosas que nunca.

Confirmadas las sospechas por los tres amigos, Ramón, Mario y Martín dejaron crecer la semilla de la codicia en su interior. Pensaron que con aquella maravillosa pieza mágica que tenía la reina podrían hacerse ricos, poderosos e importantes. Durante largas noches en la taberna idearon un plan perfecto para entrar en el palacio de la reina y robar aquel preciado tesoro.

Mario no era capitán por casualidad, su habilidad como estratega no falló a los tres amigos y el plan salió a la perfección. Allí estaban los tres frente a la puerta de la cámara de la reina, que lograron abrir sin demasiado esfuerzo. Inmediatamente entraron y comenzaron a buscar el ansiado elemento. La búsqueda sin embargo les resultó extremadamente difícil, pues la cámara estaba llena de libros por todos sitios; estanterías, mesas, sillones, sillas, e incluso el suelo. La soberana debía haber ideado este extraño conjuro para que nadie pudiese encontrar su objeto más preciado. Los tres ladrones estuvieron moviendo libros de un lado a otro toda la noche sin éxito.

Buscaron con tal concentración que no se dieron cuenta de que ya era de día, y tampoco vieron cómo la reina les esperaba en la puerta de la cámara con sus mejores guardias.

Ramón, Mario y Martín fueron expulsados del palacio, con una buena reprimenda y algunas carcajadas. La reina no les impuso ningún castigo, pues les bastaría como escarmiento las chanzas y burlas que harían a su costa sus vecinos. La reina no tenía ningún objeto mágico escondido, nunca lo había tenido. Acudía a su cámara cada vez que encontraba un problema difícil para revisar sus libros, pues lo que sí poseía era una enorme biblioteca, en la que encontraba la solución a las cuestiones más importantes del reino. Bueno, no a todas. Algunas veces la reina se encerraba en su cámara a meditar y a escuchar a su corazón, pues siempre han existido asuntos que ni los mejores libros pueden resolver.

Andrés Parada. Octubre 2018.

Comment ( 1 )

  1. ReplyTata
    Precioso 😍

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