Mini Mundo Oboe - Música, oboe, educación y otras cosas sin importancia

La aldea de Pley

En la aldea de Pley vivían 100 papás, 100 niños, 100 gatos, 100 ratones y 100 abejas. Cada papá cuidaba de su niño, que a su vez cuidaba de un gato. Cada gato cuidaba de un pequeño ratón. Os parecerá increíble, no me preguntéis cómo ni por qué, pero cada ratón cuidaba de una abeja con suma delicadeza.

Cada una de las 100 abejas producía a diario un tarro de deliciosa miel que obsequiaba sin pedir nada a cambio a uno de los 100 papás. Con ella los papás se mantenían saludables y llenos de energía para cuidar de sus niños.

Un día, uno de los papás tuvo que salir de viaje por un motivo inexcusable. Su niño se quedó solo y no se acordó de cuidar a su gato. El gato, ofendido y hambriento, trató de cazar a su ratón. Este último no pudo hacer otra cosa que esconderse, imaginaréis que ni se le pasó por la cabeza cuidar de su pequeña abeja. La abeja, viendo que se había quedado sola, decidió marcharse a otro lugar donde fuera valorada tanto como merecía.

Cuando el papá viajero regresó, la aldea de Pley de nuevo volvió a tener a sus 100 papás, sus 100 niños, sus 100 gatos y sus 100 ratones. Pero algo no andaba bien del todo. Una de las abejas se había marchado, al parecer no se sentía tan bien atendida como el resto de sus compañeras aún trabajando tanto o más que las demás. En Pley ahora sólo había 99 abejas.

Cada una de las 99 abejas produjo su delicioso tarro de miel, que entregó a su papá correspondiente. El papá número 100 quedó sin miel.

Afortunadamente en Pley todo el mundo era generoso y sabía compartir. El resto de papás no tuvo problema en ceder una pequeña parte de su tarro de miel al papá afectado por la fuga abejil. Así los 100 papás tuvieron energía y salud para cuidar de los 100 niños, que pudieron a su vez cuidar de los 100 gatos, los cuales cuidaron de los 100 ratones cuidadores de abejas. Las 99 abejas, por cierto, se sentían algo agobiadas por tener a un ratón ocioso y deseoso de ayudar andando de acá para allá. Pusieron carteles en todas las flores de la región, y en pocos días una nueva abeja vino para quedarse y completar la familia.

Todo volvió a la normalidad en Pley, la ciudad de los 100 papás, los 100 niños, los 100 gatos, los 100 ratones… y las 100 felices y bien cuidadas abejas.

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