Mini Mundo Oboe - Música, oboe, educación y otras cosas sin importancia

El Consejo

by andresparada 0 Comments

Hubo una vez…

un consejo de tres sabios que todo lo sabían. La gente iba y venía desde todos los lugares del mundo con sus problemas, esperando que uno de los sabios tuviera la amabilidad de resolverlos.

Un día una niña muy pequeña se acercó a uno de estos sabios.

–¿Qué quieres preguntar, pequeña? –dijo el sabio, casi molesto por tener que malgastar una pizca de su tiempo en responder una pregunta infantil.

–¿Dónde se guarda el cariño?

El sabio quedó serio y pensativo un buen rato, tras el cual sólo tuvo una respuesta

–no lo sé, niña

Los otros dos sabios miraron muy mal a su compañero, e inmediatamente decidieron expulsarlo del consejo, ¡no saber una pregunta, y de una niña…!

Hubo una vez…

un consejo de dos sabios que todo lo sabían. Entre consulta y consulta se entretenían jugando al ajedrez o leyendo libros gordísimos, gracias a los cuales cada vez sabían más cosas.

Un día una mujer embarazada se acercó a uno de ellos. Normalmente la gente se sentaba junto a uno u otro sabio para hacer sus consultas, pero con su enorme barriga esta mamá no encontraba la forma de sentarse. El sabio no hizo nada por ayudarla. Consideraba sus conocimientos muy valiosos y le parecía una una falta de respeto que la mujer dedicase tanto tiempo a la tarea de sentarse. ¿Qué pregunta tendría para él alguien a punto de dar a luz?, ¿biberones, pañales,…?, preguntas triviales.

Finalmente ella apartó la silla y quedó de pie, junto al sabio que reposaba cómodamente en su sillón.

–¿va a hacer una pregunta o no? –le preguntó él

La mamá, calmadamente respiró y dijo lo que venía pensando muchos meses atrás y por lo que había venido desde tan lejos. Era una madre primeriza y no hacía más que darle vueltas a lo siguiente

–¿cómo sabré con seguridad si mi niño es feliz?

El sabio respiró hondo y pensó. Pensó mucho y largo rato, pero no pudo llegar a una conclusión.

–no lo sé –le dijo a la mamá

Su compañero, que había estado escuchando, por poco entró en cólera, ¿cómo podía no saber una respuesta su compañero? Inmediatamente acordaron que el segundo sabio no podía seguir perteneciendo al consejo.

Hubo una vez…

un sabio sabelotodo, que todo lo sabía. Como era sólo uno, tenía mucho trabajo y no paraba de dar consejos a diestro y siniestro todo el día.

Un día, un señor muy, muy mayor se acercó a él. Lo hizo despacio, pasito a paso y con esfuerzo, como si el tiempo no fuera importante para él. El sabio se sintió algo molesto, pues esperar a que aquel señor llegase a su lado retrasaría su agenda. ¿Para qué necesitaría su consejo alguien tan mayor? Ese señor apuntaba a sus últimos días de vida, no tendría la menor oportunidad de poner en práctica lo que él, sabiamente, le aconsejase.

El abuelo llegó a la altura del sabio.

–¿Qué quiere usted preguntar, honorable señor?

El abuelo no respondió de inmediato, se tomó unos minutos para recuperar el aliento, lo cual desesperó aún más al sabio. Cuando tuvo fuerzas para presentar su pregunta dijo

–¿adónde iré cuando muera y deje de estar en este mundo con toda mi familia?

El sabio, muy triste, no supo qué responder a esto. Se levantó de su sillón y se fue caminando apenado. Nunca más se supo de los tres famosos sabios.

 

Andrés Parada, Septiembre de 2018

Leave a reply

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>