Mini Mundo Oboe - Música, oboe, educación y otras cosas sin importancia

Doce uvas musicales

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Seguro que no soy el único en el mundo, pero lo de tener que comerme doce uvas el último día del año no me hace ni pizca de gracia. Sin embargo, reconozco que es una tradición bonita, ¡y además viene perfecta para ofrecer a nuestras alumnas y alumnos (y a nosotros mismos) un poquito de motivación!

Este año he escogido 12 piezas en 12 tonos mayores. Es música que a mí me gusta, pero cada cual podría elegir las suyas propias. Para las y los más mayores, podemos proponer que traten de transcribir, de sacar de oído un fragmento de cada una de las piezas (que esté en el tono indicado). Será un ejercicio estupendo para trabajar la afinación y el color de cada tonalidad. Para las y los más pequeños, podemos Leer más…

¡Felices anapestos!

Ey, ¡no te vayas, los anapestos no son nada malo!

Al llegar estas fechas no puedo dejar de acordarme de una de mis combinaciones rítmicas favoritas: el anapesto. El nombre no es muy prometedor, ¿verdad?, pero para quienes no lo conozcáis estoy seguro que a partir de ahora no vais a poder dejar de encontrarlo, casi en cada pieza que escuchéis.

Antes de seguir, si no conoces de lo que hablo no te preocupes, no voy a dejarte con la intriga hasta el final: el anapesto es Leer más…

Inspirar, espirar, escuchar…

by andresparada 0 Comments

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Decir que la música es un lenguaje universal es decir mucho, habrá gente que lo considere así y gente que no. Aunque es verdad que supera barreras culturales con mucha más facilidad que las lenguas escritas o habladas, no podemos obviar dichas barreras. Alguien que haya crecido y vivido en la cultura occidental encontrará un mensaje muy distinto al escuchar una sinfonía de Mahler que alguien perteneciente a otra cultura y a otras tradiciones musicales. En los dos casos se habrá transmitido una emoción y un mensaje, aunque es algo más probable que en el segundo caso la idea del emisor (compositor/a) y del receptor (oyente) estén más alejadas que en el primero.

¡Entonces sí que es un lenguaje universal, pues se ha comunicado algo! En cierta medida sí, pero también es muy agradable escuchar a alguien hablar Leer más…

Strauss, si quieres vuelves…

En 1945 John de Lancie, un joven soldado americano, conoció en Alemania al gran Richard Strauss (no, no es el de los valses)

Bueno, en realidad no era un soldado cualquiera, era un excelente oboísta, ¡y encima con enchufe! Había tocado bajo la batuta de Reiner, afamado director de la orquesta de Pittsburgh, especialista en la música de Strauss y viejo amigo del gran compositor. Con una carta de presentación así es normal que De Lancie se hiciera casi uno más de la casa por unos días, haciendo amistad con toda la familia.

El caso es que en una de estas profundas conversaciones que los grandes compositores tienen con sus admiradores, De Lancie comentó a Strauss lo bien que cuidaba las melodías del oboe en sus piezas, y le preguntó que si alguna vez se había planteado escribir un concierto para Leer más…

¿Para qué calentamos?

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¿Qué os parece la pregunta, muy tonta?

Está claro, calentamos para que el instrumento esté bien afinado, si está frío se queda bajo de afinación y…

— ¡Ejem!

Seamos serios, la diferencia de afinación entre un oboe con la madera más fría y ese mismo oboe con la madera caliente es mínima. Tampoco es que sea muy normal tocar nuestro instrumento en mitad del polo sur, como para crear una diferencia abismal de temperatura entre el aire interior del tubo y el exterior.

No, es que evitamos que la madera del instrumento se raje al no comenzar a tocar directamente…

¿Qué pasa, que calentar no cuenta para el instrumento como tocar? Estamos tocando una Leer más…