Mini Mundo Oboe - Música, oboe, educación y otras cosas sin importancia

La colisión

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Todos los habitantes sabían que ocurriría, pero nadie pudo hacer nada. Ni siquiera las mentes más brillantes del planeta BR1-CK, más conocido como Brick pudieron evitar que la enorme luna que los había acompañado durante milenios chocase de lleno contra la superficie de su querido mundo, el cual se rompió en mil pedazos.

La comunidad científica, de cualquier forma, no había estado parada durante los últimos cientos de años. Sabiendo que el acontecimiento no podría ser evitado, se apostó por la creación de un nuevo cuerpo de expertas y expertos conocidos como «reconstructores».

Entrenados durante décadas, día y noche bajo condiciones extremas, reconstructoras y reconstructores no dudaron en ponerse a trabajar desde el momento mismo de la colisión. Unas y otros evaluaban lo que veían con increíble rapidez y organizaban todo con precisión y profesionalidad:

Hufflepuffle

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Hufflepuffle es el inventor que todos tenemos en la cabeza. Sí, ese señor mayor, con gafas y pelo desaliñado, amable, de mirada perdida y despistado como solo puede serlo un personaje de cuento

Hace no mucho Hufflepuffle terminó muy orgulloso su último invento. Estaba contentísimo porque llevaba ya un par de días comiendo poco y a deshoras, así que no tardó ni un instante en probar la prodigiosa máquina. Esta última parecía más bien una varita de mago, aunque metálica y con unas cuantas luces aquí y allá.

—Vaya, ¡tengo un hambre que me comería una sartén!

No encontró ninguna a mano, pero el viejo brasero que había bajo su mesa se le antojó bastante adecuado. Apuntó su invento hacia el aparato y… ¡PUF!, en un instante se convirtió en un brasero de chocolate, cable incluido.

La llave

—¡Vaya, puede que hoy no sea un mal día al fin y al cabo! , pensó el viejo marinero. Había pescado una llave de oro, brillante y bien pulida.

— Quizá sea del Viejo Barco. El Viejo Barco, con mayúsculas, era una antigua nave de recreo que los lugareños habían encontrado varada hacía décadas. Nadie sabía a quién pertenecía, y nadie había podido acceder a sus bodegas, debido a la pesada puerta blindada que las protegían.

El anciano se dirigió al Viejo Barco inmediatamente, sin pasar por casa, convencido de que allí encontraría un gran tesoro con el cual sorprender a su familia. De ahí su gran desilusión cuando pudo comprobar que su inmaculada llave no abría la puerta de la misteriosa bodega.

No se desanimó del todo, esa llave podría abrir cualquier cosa: un diario secreto con valiosa información, un armario lleno de antiguas reliquias o, quién sabe, quizá pudiera ser la llave del mismísimo cofre del tesoro del pirata Calino.

Miraba nuestro viejo marinero su llave en el embarcadero a la puesta de sol cuando, de repente, un pez saltó del agua y agarró su recién adquirido tesoro.

—¡Será posible! —, pensaba el pescado, —¡se despista uno un segundo y le birlan la llave de casa!

Andrés Parada, Junio 2019

Akka

HK24, curioso este diminuto planeta, el más pequeño de la desconocida galaxia If. Allí todo flota: los edificios, los bancos de los parques, árboles, personas, objetos cotidianos, animales domésticos y, por supuesto, las aves. Estas últimas tienen la ventaja de ser mucho más veloces que el resto de seres flotantes, pues de lo contrario lo pasarían bastante mal para escapar de los traviesos gatos domésticos.

HK-24, o Akka, como lo llaman sus gentes, comparte con la Tierra la desmesurada afición de sus habitantes por el deporte. Allí se hacen carreras, competiciones de lucha y pruebas de salto. Estas últimas son bastante aburridas, porque los saltos sólo terminan cuando el atleta o la atleta en cuestión está tan cansado como para ir a dormir. No olvidemos que todos los Akkanos flotan.

Si aquí en la Tierra el deporte rey es el fútbol, en Akka todos los habitantes están locos por un juego de equipo conocido como golfur. 

El Rey de Rayen

El rey de Rayen tenía una curiosa manía: cada noche, antes de dormir, tenía que probar varios sombreros. Grandes, pequeños, de ala ancha o estrecha, de copa, o incluso gorras. El monarca no se iba a dormir hasta haber encontrado un sombrero de su gusto.

Le gustaba probar esos sombreros con una elegante pluma y le gustaba comprobar si con ella podía hacer cosquillas a sus ayudantes; le gustaba probar elegantes sombreros de copa, cuanto más altos, mejor. Le gustaba probar sombreros enormes, con adornos que podrían decorar toda una fiesta ducal, y le encantaba encontrar sombreros de mago para después buscar y perseguir a los sorprendidos conejos.

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