Cruz de Bach

¿Qué puedes hacer cuando todas y cada una de las teclas de tu órgano están destrozadas de tanto explorar tonalidades, cuando tu catálogo de partituras supera el millar, cuando has compuesto música para duques, príncipes y reyes, cuando tienes tantos hijos que casi eres incapaz de recordar todos sus nombres, cuando intuyes que generaciones enteras apreciarán tu música y aprenderán de ella, cuando te llamas Johann Sebastian Bach.

¡Pues inventar algún jueguecillo, claro!

¿Acaso creéis que Bach estaba todo el día con cara de pocos amigos? ¡Os he pillado! Yo también tengo la imagen de un viejo gruñón, no os preocupéis. Es lo que tiene no tener Instagram en la época, te hacían algunos cuadros y si no reías ese era tu problema. Bach era un gran amante de enredar sus partituras con secretos escondidos y mensajes ocultos. Si queréis corroborarlo podéis echar un vistazo a la Ofrenda Musical que compuso para Federico II el Grande, ¡me hubiera encantado ver la cara del monarca mientras descubría cada matiz del conjunto de piezas que le fue dedicado!

El caso es que estaba el de Eisenach componiendo la que posiblemente fue su última pieza, El arte de la fuga. En el último contrapunto se le ocurrió en un momento incluir un sujeto que comienza por cuatro notas. Si las escuchamos aisladas de todo contexto se nos presenta una melodía no demasiado prometedora. Escuchad:

Esto de si la melodía era muy tarareable o no a Bach le preocupaba un pimiento. Toda su carrera compuso sobre cualquier propuesta, por enrevesada que fuera. Pero estas cuatro notas eran algo importante, tanto que Leer más…