Mini Mundo Oboe - Música, oboe, educación y otras cosas sin importancia

Classic of The Week – Semana 33

Una furtivva lacrima (de L’elisir d’amore) – Donizetti

¡Vaya, qué tenemos aquí! Una ópera bufa que no lo es del todo, ambientada en un bucólico ambiente del País Vasco, pero que se puede cambiar sin problema, compuesta en apenas dos semanas por un compositor que no termina de convencer a la audiencia de Milán, y utilizando como base un libreto, traducido y copiado de forma descarada de una ópera francesa, ¿qué podría salir mal?

Todo, claro. O eso pensó Gaetano Donizetti cuando en 1832 el empresario del Teatro Canobbiana, el más importante de Milán tras la Scala, le encarga tener listo este trabajo en un tiempo récord. No era una costumbre extendida en la época dar su tiempo a los creadores, desde luego.

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Classic of The Week – Semana 32

Menuetto (de la Sinfonía en Do M B. 128) – Pleyel

Si hablamos de clasicismo y decimos Wolfgang todos sabemos a quién nos referimos, ¿verdad? Si decimos Joseph no tanta gente reconocerá al padre de la forma sinfonía, Haydn. Pero, ¿si escuchas el nombre Ignace?, ¿qué te viene a la cabeza?

Hoy en día es probable que pocas personas sean capaces de acudir al apellido asociado: Pleyel. Salvo que seas pianista, claro, porque dicho apellido da nombre a una de las marcas más conocidas del instrumento de las 88 teclas.

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Classic of The Week – Semana 31

Washington Post (March) – Sousa

Si hiciésemos un top ten de las marchas más famosas de la historia de la música seguro que esta no faltaría. Seguramente no la reconozcáis por el título, pero escuchad las primeras notas y decidme que no podéis tararear el resto. Imposible, ¿verdad?

No es casualidad que se conozca a su compositor, John Plipip Sousa, como el rey de las marchas. Seguramente os suene incluso más otra de sus composiciones, el himno nacional de los Estados Unidos (Barras y Estrellas)

La llave

—¡Vaya, puede que hoy no sea un mal día al fin y al cabo! , pensó el viejo marinero. Había pescado una llave de oro, brillante y bien pulida.

— Quizá sea del Viejo Barco. El Viejo Barco, con mayúsculas, era una antigua nave de recreo que los lugareños habían encontrado varada hacía décadas. Nadie sabía a quién pertenecía, y nadie había podido acceder a sus bodegas, debido a la pesada puerta blindada que las protegían.

El anciano se dirigió al Viejo Barco inmediatamente, sin pasar por casa, convencido de que allí encontraría un gran tesoro con el cual sorprender a su familia. De ahí su gran desilusión cuando pudo comprobar que su inmaculada llave no abría la puerta de la misteriosa bodega.

No se desanimó del todo, esa llave podría abrir cualquier cosa: un diario secreto con valiosa información, un armario lleno de antiguas reliquias o, quién sabe, quizá pudiera ser la llave del mismísimo cofre del tesoro del pirata Calino.

Miraba nuestro viejo marinero su llave en el embarcadero a la puesta de sol cuando, de repente, un pez saltó del agua y agarró su recién adquirido tesoro.

—¡Será posible! —, pensaba el pescado, —¡se despista uno un segundo y le birlan la llave de casa!

Andrés Parada, Junio 2019

Akka

HK24, curioso este diminuto planeta, el más pequeño de la desconocida galaxia If. Allí todo flota: los edificios, los bancos de los parques, árboles, personas, objetos cotidianos, animales domésticos y, por supuesto, las aves. Estas últimas tienen la ventaja de ser mucho más veloces que el resto de seres flotantes, pues de lo contrario lo pasarían bastante mal para escapar de los traviesos gatos domésticos.

HK-24, o Akka, como lo llaman sus gentes, comparte con la Tierra la desmesurada afición de sus habitantes por el deporte. Allí se hacen carreras, competiciones de lucha y pruebas de salto. Estas últimas son bastante aburridas, porque los saltos sólo terminan cuando el atleta o la atleta en cuestión está tan cansado como para ir a dormir. No olvidemos que todos los Akkanos flotan.

Si aquí en la Tierra el deporte rey es el fútbol, en Akka todos los habitantes están locos por un juego de equipo conocido como golfur.